(Publicado en www.blogopopolis.cl 02/11/2009)
--------------------------------------------------------------------------
Puede parecer casi surrealista, pero un grupo de ocho chilenos fuimos contratados recientemente por un importante medio de comunicación ruso para trabajar en un nuevo proyecto que implica la formación de un equipo de trabajo multicultural. Por una de esas extrañas bendiciones que a veces nos da la vida, me encuentro en tal cofradía de países y lenguas congregadas en Moscú, donde estoy residiendo desde hace cerca de dos semanas.
Si bien no es mi estilo la autorreferencia, sólo me permitiré a modo de comentario confesarles lo siguiente: el cambio de idiosincrasia y el estilo de vida de Chile a Rusia es astronómico y, hoy por hoy, me siento casi como un viajero en Marte. Tal sensación, pese al vértigo inherente… es sencillamente impagable.
En las siguientes líneas trataré de esbozar algunos apuntes para que se formen una idea.
Lo primero que sorprende al recién llegado es que se le viene abajo en un 100% la vieja imagen de la Rusia Comunista, ortodoxa y conservadora. Al contrario, Moscú es hoy una ciudad que dejó entrar -sin culpas- al capitalismo. Un sólo ejemplo elocuente: las grandes publicidades de marcas como Nike, Brooks, Lada, Canon, Nokia, etc., todas plenamente reconocibles para un sudamericano, abundan por doquier, tanto en avenidas, como calles y multitiendas (no por nada en esta ciudad está uno de los “malls” más grandes del orbe). Incluso, en el supermercado se pueden hallar productos de marcas quizás no tan globalizadas como Nescafé, Parmalat, Ariel, y otras tantas… Como dato anecdótico: mientras miraba los vinos en venta –con emoción- descubrí en un estante dos botellas del chilenísimo vino 120. “Casi” me sentí en casa. Lo reitero: casi.
En un ámbito complementario, podría pensarse que por el frío y la oscuridad reinante (acá se acerca el invierno y a las 17 horas locales ya anochece) los moscovitas se arropan casi como esquimales y se mueven casi como hombres de hielo. ¡Nada más alejado de la realidad! La sofisticación de las vestimentas y modales es casi un símbolo de estatus y tanto hombres como mujeres –las que usan ajustadas minifaldas y botas de tacón incluso con lluvia y temperaturas bajísimas- visten a la moda y con ropas costosas y refinadas. Un dato al margen: lo que se dice tradicionalmente de la belleza femenina en estas tierras… es cierto: la armonía de sus rostros y cuerpos es, sencillamente, deslumbrante.
Moscú se encuentra, como es de notorio conocimiento, catalogada como una de las ciudades más caras del mundo. Esto tiene su dosis de verdad, pero no con una contundencia tan brutal en lo cotidiano, si se piensa que las remuneraciones de la gente procuran ir a la par con el fin de dar satisfacción a las necesidades esenciales y –en lo posible y “más que posible”- al lujo. Otro ejemplo: si en Chile una lata de bebida cuesta unos $500 en Moscú cuesta unos $1200. Ello se repite respecto a los alimentos y otros elementos de importancia. ¿Dónde está la trampa? En que hay que habitar en algún lado… y ahí es donde los precios ascienden vertiginosamente. ¡Pues, claro, si usted quiere vivir en una ciudad tan cosmopolita e importante como Moscú que le cueste! En palabras simples: los arriendos de departamentos son elevadísimos, tal como tratar de comprarlos. Acudo a una comparación: el departamento compartido que arrendaba en el centro de Santiago costaba cerca de $250 mil (gastos comunes incluidos); acá, un inmueble similar –como el que arriendo con tres compatriotas- remite a una cifra mensual superior a los $2 millones. Parece casi descabellado, pero como los sueldos son comparativamente mayores puede pagarse tal monto.
Como corresponde a una ciudad que se ha abierto al mundo, la vida nocturna es activa. Hay muchos bares y pubs-discoteques funcionando a diario y hasta altas horas de la madrugada. Dato importante: nadie paga entrada. Ello, no obstante, implica que los guardias del local pueden decidir cuándo “está lleno” y no se puede ingresar: curiosamente, eso sucede mucho cuando aparece algún sudaca con ganas de conocer el lugar… Como la juventud local es desinhibida, gusta mucho del tecno y de música en español tipo “La vida Loca” de Ricky Martin: esos ritmos acá hacen furor. Los locales tienen nombres en ruso, inglés y hasta en español (de hecho, supe que uno se llamaba “Pancho Villa”. ¿Curioso, no?).
Y aquí un guiño para los compatriotas en Chile: en Moscú no existe Transantiago ni nada que se le parezca. La población se moviliza en el Metro, algunos (escasos) tranvías y la gran mayoría –aunque parezca insólito- en automóviles propios (todos casi nuevos y de modelos de última generación). Si bien hay taxis “oficiales” (inclusive circulan algunos Mercedez Benz…), se usan mucho los “informales”: cualquier ciudadano pasa en su auto, ve a alguien esperando, si quiere se detiene frente a él y, de darse el trato, lleva a su interlocutor a destino por una cifra convenida de rublos. Así de fácil. Era que no, las calles se ven a menudo colapsadas y las grandes avenidas aparecen como un paliativo. Así, como con la que está frente a mi departamento, la que tiene nueve vías en cada sentido. O sea, 18 vías en una calle. Imaginen eso.
(Continuará…)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada