miércoles 29 de julio de 2009

LA CONSAGRACIÓN DE LAS MASAS Y EL “MOLESTAR” DE LAS ÉLITES…


(Publicado el 28 de julio de 2009 en http://www.blogopolis.cl/)


Hace unos días caminaba por un concurrido mall en pleno centro y aproveché de pagar allí la cuenta del celular. Cuando encontré un local para hacerlo, advertí que las filas eran desoladoramente largas. Como afortunadamente contaba con algunos días antes de que expirara el plazo estipulado en el documento, decidí dejar el trámite para otra ocasión.

Extrañamente, sin embargo al volver a los pasillos y constatar como la muchedumbre me envolvía y arrastraba, el “significado intrínseco” del trámite adquirió para mí un sentido singular.

Cigarrillo en mano, múltiples pensamientos acudieron a mi cabeza. Me pregunté, por ejemplo, ¿desde cuándo la ciudadanía venía demostrando a tal punto su poder como para que –más allá de la utilidad de los centros de pago – florecieran de manera explosiva y por todos lados: “Salas de Venta”, “Centros de Atención al Cliente”, “Servicios Técnicos”, “Locales de Atención Especializada” e incluso a nivel de gobierno “Oficinas de Información, Reclamos y Sugerencias”? ¿Vivíamos una suerte de Apocalipsis de la llamada “Irrupción de las Masas” que profetizó el sociólogo Eugenio Tironi? ¿Por qué tanto la empresa privada como los servicios públicos disponen hasta la saciedad de plataformas destinadas única y exclusivamente a atender a sus usuarios y de acuerdo con “los más altos” de calidad, según hacen gala cada vez que les es posible?

Evidentemente, una singular mutación se viene registrando en el país desde el advenimiento de la democracia y el fin de 17 años de dictadura –o régimen militar como también se le llama–. Con el correr del tiempo se ha venido configurando un Estado con mayores niveles de tolerancia y una sociedad más libre y abierta en muchos sentidos.

Pero el fenómeno fue más amplio y tuvo incomodas repercusiones tanto para los privados como el gobierno: la clientela/ciudadanía habló fuerte y claro para difundir a los cuatro vientos que no estaba para que le vendieran gato por liebre. Así hizo notar su malestar ya fuera a través de reclamos verbales o escritos, denuncias mediáticas, invocaciones a la autoridad, o lisa y llanamente mediante una estrategia convenientemente sui géneris: la funa.

Volviendo a Tironi, me pregunto: ¿y qué pasó con “las élites”? Al parecer dieron por perdida la batalla contra la fiebre de las reivindicaciones de consumidores y/o ciudadanos y se guardaron en sus tranquilos cenáculos, círculos infranqueables o severos cuarteles. Hoy por hoy, siguen aguardando a la espera y acechantes, con la socarronería que les caracteriza y sabiendo que en una de esas las “masas” pueden pegarse su buen costalazo. Mientras tanto no les viene mal joderles un poquito, con, por ejemplo, el estigma de “la delincuencia” ¿o no?

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