
(Publicado en La Nación Domingo el 25 de septiembre de 2005)
El médico pediatra y coronel (R) Vittorio Orvieto Teplitzky, procesado en el caso Tejas Verdes por tres secuestros y torturas, debe regresar desde Estados Unidos esta semana. Fue autorizado a viajar por “asuntos personales”. Si vuelve, podría ser el primer expulsado del Colegio Médico.
Vittorio Orvieto Teplitzky, con el grado de coronel en retiro, es el primer médico procesado en Chile por secuestro y torturas cometidos durante la pasada dictadura. Orvieto fue el hombre del Mamo Contreras en el campo de prisioneros de Tejas Verdes. El que, de delantal blanco y con botas, daba el “visto bueno” si se podía o no seguir torturando a los detenidos. Muchos ex prisioneros lo reconocieron en los últimos meses, tras su regreso a Chile en abril pasado desde Estados Unidos, para entregarse a los tribunales, según él, “voluntariamente”.
En las próximas horas, Orvieto debe regresar nuevamente a Chile desde ese país, tras ser autorizado por el juez Alejandro Solís, quien lo procesó, para regresar por un mes a resolver asuntos personales. A cambio, el médico dejó un millón de pesos como “fianza”. El coronel (R) Orvieto se prepara para ir a la cárcel, pues sabe que el ministro Solís no le concederá la amnistía ni otro tipo de beneficio procesal. Y, seguramente, tras el cierre de la fase investigativa de la causa, lo que ocurrirá pronto, el juez dictará condena de prisión en su contra.
Quien a comienzos de la década de los años ’90 fue director subrogante del Hospital Militar, se apresta además a enfrentar la resolución de un sumario ético por violaciones de los derechos humanos que el Colegio Médico instruye en su contra, cuya decisión se conocería a fines de septiembre.
Antes de su partida a Estados Unidos intentamos hablar con él y lo buscamos en su departamento del barrio El Golf, pero su esposa nos auguró el más rotundo fracaso por el citófono, al decir que “no sacan nada con insistir”. Efectivamente, Orvieto se refugió en la privacidad.
Al volver a Chile, a comienzos de este año, declaró al ministro Solís: “Jamás intervine en un interrogatorio a detenidos ni realicé labor de reanimación a alguno que estuviera siendo interrogado”. Dijo que su trabajo en Tejas Verdes fue sólo para “la atención del personal militar, conscriptos, suboficiales y oficiales, además de sus cargas familiares”.
Según se establece en el procesamiento por tortura respecto de 22 víctimas sobrevivientes dictado contra Orvieto el 7 de marzo pasado, “los arrestados eran solicitados desde el regimiento vía telefónica y trasladados en camiones frigoríficos requisados a las pesqueras, con la vista vendada y amarrados. Se procedía al interrogatorio mediante torturas, las que eran presenciadas por un médico a fin de controlar sus consecuencias y evitar la muerte del preso. Concluido el interrogatorio, el detenido era devuelto al campo de prisioneros”.
El médico también fue encausado por el secuestro y desaparición desde Tejas Verdes de José Pérez Hermosilla, Rebeca Espinoza Sepúlveda y José Orellana Meza. Por las mismas causas están procesados el ex jefe de la DINA, general (R) Manuel Contreras, los oficiales (R) de Ejército Mario Jara Seguel, (ex jefe DINA en San Antonio), Klaudio Kossiel Hornig, David Miranda Monares (ex fiscal militar del Regimiento Tejas Verdes), Raúl Quintana Salazar y Jorge Núñez Magallanes, este último ex jefe del Departamento de Inteligencia del referido cuartel. Además fueron declarados reos el suboficial (R) Patricio Carranca Saavedra y el prefecto (R) de Investigaciones Nelson Valdés Cornejo.
Los sobrevivientes acusan
Hasta 1991, Orvieto sólo era mencionado públicamente como “el médico” de Tejas Verdes. Ese año, mientras ocupaba el cargo de director subrogante del Hospital Militar, la ex prisionera política Mariela Bacciarini lo denunció como vinculado a torturas en ese centro de detención. Un reportaje de La Nación de ese año dejó a Orvieto al descubierto. Él mismo se refirió al punto declarando ante el juez Solís: “Antes, todo el mundo hablaba del médico y recién en 1991 se comienza a mencionar mi nombre. Recuerdo que en una oportunidad un periodista se hizo pasar por paciente. Me hizo unas preguntas y a la salida me tomaron unas fotografías que salieron en la prensa”. Cumplió funciones en Tejas Verdes hasta 1975 y en 1999 se jubiló como médico castrense.
Luisa Stagno, detenida el 20 de enero de 1974, era militante comunista. Tenía 28 años y dos hijos cuando cayó en manos de la DINA. “Una cierra los ojos y como que nuevamente se ve bajando las escaleras que te llevan donde serás torturada”, contó a LND.
Una mañana, Luisa regresaba a casa tras unas compras cuando una vecina le alertó de que dos desconocidos estaban con sus hijos y la amiga que les cuidaba. Fue recibida con un “nos vamos, declaras y te vas”. Pero nunca declaró.
Tras su paso por el centro de detención clandestino de Londres 38 y el Regimiento Tacna, una noche la trasladaron en camioneta y vendada a Tejas Verdes. En la cabaña asignada convivió con Rebeca Espinoza.
Fue interrogada al amanecer en el subterráneo del casino de suboficiales del regimiento. “Es una experiencia horrible, por el pudor de tener que desnudarse y estar a merced de no se sabe quién”. Luisa estaba embarazada de tres meses. A puñetazos y con sacos húmedos le golpearon el vientre y las piernas, sometiéndola a electricidad, partiendo por los genitales. Su embarazo se interrumpió. Recuerda una frase que le dejó claro el martirio por venir:
-¡Estas conchesumadre se meten en cada huevá y después no aguantan na’!
Pero aguantó. Interrogada y sometida a tormentos diarios, enfrentó un simulacro de fusilamiento, humillaciones sicológicas y amenazas contra su familia. Soportó el arranque de las uñas de los dedos meñiques de ambos pies y la quemaron con cera caliente en el estómago, conservando hasta hoy cicatrices. Una tarde, atada y vendada, tras recibir por horas baldes con agua fría, la violó un militar.
Pasaron las semanas y continuó siendo torturada. En un momento, los torturadores se asustaron y llamaron al médico, que recomendó suspender el tormento ante la presencia de un paro cardíaco. Una terapia de shock la mantuvo viva.
Pudo percatarse de que el médico era un “hombre con pantalones de militar y una cotona blanca”. Dice que la examinó de cerca, y sin volver a hablar hizo un gesto a los militares para que le volvieran a bajar la capucha.
“Puedo reconocer perfectamente a ese hombre como Orvieto, porque cuando este año declaró en Investigaciones lo vi de nuevo. Si bien lo imaginaba enorme, era por lo indefensa que estaba en Tejas Verdes. Pero cuando ahora pasó a mi lado no lo insulté ni garabateé. Eso era rebajarme”, dijo Luisa.
¡TÁPATE LA CARA!
Una experiencia similar vivió el oficial de Marina (R) Anatolio Zárate, querellante en el proceso por Tejas Verdes. “Si hay algo que te saca de la realidad no son los golpes ni las amenazas síquicas, como que te amenacen con fusilarte. A eso uno se acostumbra. Lo que te descoloca es cuando te torturan aplicándote corriente en el ano, los testículos, el glande y los pezones, sucesivamente, y mientras te convulsionas como con epilepsia no puedes entender nada, porque más encima te tienen con una gruesa capucha que casi no te deja respirar”, declaró a LND.
Socialista detenido el día del golpe en San Antonio, fue acusado de participar en el “Plan Z”. Afirma que en el campamento de Tejas Verdes vio a Orvieto. Recuerda que mientras sufría una tortura conocida como “la palomita”, las argollas que le sujetaban cedieron y cayó de bruces. Dice que el médico lo auscultó y le dijo a una enfermera: “Ábrale la capucha para que respire”. “Al rato me tomó la presión y dijo en voz alta: ‘Ya está mejor’. Y siguieron aplicándome corriente”. Zárate cuenta que no le cerraron bien la capucha, por lo que pudo mirar alrededor. “Y al primero que veo, a la izquierda, es a Orvieto con la enfermera; a la derecha había dos uniformados. En el acto sentí un fuerte pisotón en la espalda y alguien que me gritó: ¡Tápate la cara, conchetumadre!”.
FUNADO
Después de ser descubierto públicamente en 1991, Orvieto vivió en relativa normalidad hasta que la Comisión Funa lo encontró de modo peregrino: su foto estaba en Internet como funcionario de Integramédica, en sus centros de Plaza Oeste y Maipú. El sábado 20 de marzo de 2004, unas 100 personas llegaron hasta una de las oficinas y lo funaron. Con carteles y gritos denunciaron que ahí trabajaba un “médico de la DINA” y “torturador de Tejas Verdes”. El periodista Julio Oliva, vocero de la Comisión Funa, recuerda que ese lunes el nombre y foto del médico desaparecieron de la página institucional.
Intentamos obtener la explicación del director de ese centro médico, pero ya no trabaja como tal. Sin embargo, la gerente médica de la empresa, Paulina Gómez, explicó que “el doctor Orvieto no pertenece al cuerpo médico de Integramédica desde inicios de abril de 2004, cuando canceló su agenda voluntariamente y en forma definitiva”.

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