miércoles 21 de abril de 2010

Moscú Hoy (II parte)


(Publicado en www.blogopolis.cl 17/11/2009)

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Hace algunos días Blogópolis publicó una nota que redacté en torno a diversas impresiones que he adquirido en las últimas semanas desde que me encuentro residiendo en Moscú contratado junto a un grupo de compatriotas por un medio de comunicación local. Ello se agradece desde estas lejanías.

A continuación, quiero compartir otros rastros que he advertido en esta ciudad. Si bien sé que en Chile ahora están abocados a la vorágine de las presidenciales, creo que pueden ser interesantes, fundamentalmente por la exigua información que llega hasta el cono sur sobre estas latitudes.

De acuerdo con diversas interpretaciones que he podido recopilar acá, las últimas administraciones rusas se han dado a la tarea de depurar ciertas prácticas del pasado con el fin de impulsar el desarrollo y progreso del país. En pocas palabras: a dos décadas del desmoronamiento final de los socialismos reales, hoy los rusos están empeñados en recuperar su categoría de potencia política y económica. Y probablemente puedan hacerlo: su poderío armamentista es de tal nivel que puede resultar “persuasivo” ante las reticencias de cualquier nación. Es cuestión de años para ver el alcance de tal estrategia.

En un ámbito complementario… Me resulta singularmente llamativo lo que sucede con la prensa escrita en Moscú. En Chile, todo el mundo se ve enfrentado a las portadas de diarios, ya sea por interés o algo episódico como comprar en un kiosco. Y ahí están, diciendo algo: un esbozo que traerá coletazos, un mensaje chillón, etc…

Pues bien, a los moscovitas parece no importarles lo que dicen los matutinos. Pasan, compran lo que necesitan y ya.

El periodismo ruso –no hay ni que decirlo- no es tan estruendoso como el nuestro, pero creo que ese no es el meollo del asunto. Me atrevería a decir –no soy cientista político ni pretendo serlo- que a partir de la perestroika aquí hay una suerte de renacimiento.

Pues bien, como la edad de una nación se contabiliza en siglos y no años, la población local rehace su existencia lejos de la crónica tradicional. Para ilustrarlo de modo concreto: en las semanas en que llevo viviendo en Moscú no he visto a ningún ciudadano comprar un diario o leerlo en espacios cotidianos –tipo metro, cafés, etc-. Puede inferirse que se informan por Internet, pero me parece improbable. Creo que tras su apertura al capitalismo a los moscovitas les interesa más TODO el mundo que enterarse de cómo se cuecen las castañas en casa. Lamentablemente, me imagino que la comparación puede resultar odiosa: los chilenos somos expertos –me incluyo- en mirarnos hasta el cansancio el ombligo.

100% doméstico

Pero como uno también “vive” en carne y hueso… déjenme contarles algunas anécdotas sobre el día a día en un país al que llegué con conocimientos rudimentarios de inglés y con el (“sabio”) consejo de un amigo: a todo lo que te pregunten, contesta “Stolichnaya…”, me dijo.

Se supone que vivimos en una “aldea global” ¿no? Un sitio mágico en el que todos podemos conectarnos con todos… Bueno, en teoría es así. Lo complicado surge cuando alguien llega a un territorio en el que conectarse no es tan “sencillo” como podría pensarse, ello sobre todo para el forastero. ¡No pueden imaginarse lo laberíntico que es acceder a Internet acá… si se desconoce el idioma!

Me explico: en el departamento en el que convivo con colegas usábamos un modem que compartíamos: lo que le daba a cada uno algunos minutos diarios. Ahora bien, de un momento a otro… se acabó la conexión. La razón: el contrato implicaba una duración de minutos limitada. Hasta ahí llegó el sueño de ser aldeanos globales.

¿Una solución? Tratar de cargar minutos en una suerte de “cajeros” que reciben dinero a nombre de las compañías telefónicas del mercado. Un pequeño problema: las opciones vienen en ruso. Otra alternativa: cargar plata con una visa en una página web… que también incluye todas las instrucciones en RUSO. Puede parecer lógico… ¿no iban a estar escritas en español? Pero he aquí que surge el real drama para el viajero que busca ingresar al ciberespacio. ¿Por qué no hacer como en Chile e irse a uno de los cientos de cibercafé que inundan las calles? Sería una opción, por supuesto… ¡Si es que en Moscú existieran cibercafés! Pero no los hay, no existen, al menos en el centro de la ciudad. Nada –reitero- nada parecido al tipo de locales que hay en Santiago. A lo más, algunos espacios en los que uno debe comprar una bebida o sándwich y así poder instalar el equipo personal y conectarse. ¿Cómo reconocerlos? Misión imposible para el recién llegado.

El subtexto es el siguiente: siquiera pensar –en una ciudad en que hay taxis Mercedes Benz…- en locales “públicos” que ofrezcan Internet es algo insostenible. Demasiado “huachaca”. Tal vez existan en otras zonas alejadas de Moscú ¿pero cómo llegar allá de noche y dar a entender lo que uno requiere si con suerte se ha aprendido a decir: “Da” (Si), “Niet” (No) y “Priviét” (Hola)????

Casi al final: el 4 de noviembre, Rusia celebró el “Día de la Unidad Nacional”. Por supuesto que se trata de conmemoraciones íntimas en las que uno no puede ni siquiera opinar. Aquí está en juego la tradición de un pueblo y ante eso mejor callar. Lo que sí les puedo contar es algo ante lo que ustedes mismos pueden sacar conclusiones. Un importante diario local sacó como titular una cita del presidente Dmitri Medvedev, cuya traducción aproximada es: “No hay escusa para el estalinismo”.

Y con esto me despido: como recién llegado uno busca cosas anecdóticas para comprar y llevarle a los amigos. Acá hay y de sobra. Pero uno –ingenuo- siempre piensa que lo ha visto todo. Yo, igual… Eso hasta que vi el tazón más insólito que he tenido frente a mí: era negro y con una imagen de Lenin pintado con colores rojos. El dedo del centro de la mano izquierda levantado y el siguiente mensaje: “Fuck revolution!”.

Así veo a Moscú hoy.

Moscú hoy (I parte)


(Publicado en www.blogopopolis.cl 02/11/2009)

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Puede parecer casi surrealista, pero un grupo de ocho chilenos fuimos contratados recientemente por un importante medio de comunicación ruso para trabajar en un nuevo proyecto que implica la formación de un equipo de trabajo multicultural. Por una de esas extrañas bendiciones que a veces nos da la vida, me encuentro en tal cofradía de países y lenguas congregadas en Moscú, donde estoy residiendo desde hace cerca de dos semanas.

Si bien no es mi estilo la autorreferencia, sólo me permitiré a modo de comentario confesarles lo siguiente: el cambio de idiosincrasia y el estilo de vida de Chile a Rusia es astronómico y, hoy por hoy, me siento casi como un viajero en Marte. Tal sensación, pese al vértigo inherente… es sencillamente impagable.

En las siguientes líneas trataré de esbozar algunos apuntes para que se formen una idea.

Lo primero que sorprende al recién llegado es que se le viene abajo en un 100% la vieja imagen de la Rusia Comunista, ortodoxa y conservadora. Al contrario, Moscú es hoy una ciudad que dejó entrar -sin culpas- al capitalismo. Un sólo ejemplo elocuente: las grandes publicidades de marcas como Nike, Brooks, Lada, Canon, Nokia, etc., todas plenamente reconocibles para un sudamericano, abundan por doquier, tanto en avenidas, como calles y multitiendas (no por nada en esta ciudad está uno de los “malls” más grandes del orbe). Incluso, en el supermercado se pueden hallar productos de marcas quizás no tan globalizadas como Nescafé, Parmalat, Ariel, y otras tantas… Como dato anecdótico: mientras miraba los vinos en venta –con emoción- descubrí en un estante dos botellas del chilenísimo vino 120. “Casi” me sentí en casa. Lo reitero: casi.

En un ámbito complementario, podría pensarse que por el frío y la oscuridad reinante (acá se acerca el invierno y a las 17 horas locales ya anochece) los moscovitas se arropan casi como esquimales y se mueven casi como hombres de hielo. ¡Nada más alejado de la realidad! La sofisticación de las vestimentas y modales es casi un símbolo de estatus y tanto hombres como mujeres –las que usan ajustadas minifaldas y botas de tacón incluso con lluvia y temperaturas bajísimas- visten a la moda y con ropas costosas y refinadas. Un dato al margen: lo que se dice tradicionalmente de la belleza femenina en estas tierras… es cierto: la armonía de sus rostros y cuerpos es, sencillamente, deslumbrante.

Moscú se encuentra, como es de notorio conocimiento, catalogada como una de las ciudades más caras del mundo. Esto tiene su dosis de verdad, pero no con una contundencia tan brutal en lo cotidiano, si se piensa que las remuneraciones de la gente procuran ir a la par con el fin de dar satisfacción a las necesidades esenciales y –en lo posible y “más que posible”- al lujo. Otro ejemplo: si en Chile una lata de bebida cuesta unos $500 en Moscú cuesta unos $1200. Ello se repite respecto a los alimentos y otros elementos de importancia. ¿Dónde está la trampa? En que hay que habitar en algún lado… y ahí es donde los precios ascienden vertiginosamente. ¡Pues, claro, si usted quiere vivir en una ciudad tan cosmopolita e importante como Moscú que le cueste! En palabras simples: los arriendos de departamentos son elevadísimos, tal como tratar de comprarlos. Acudo a una comparación: el departamento compartido que arrendaba en el centro de Santiago costaba cerca de $250 mil (gastos comunes incluidos); acá, un inmueble similar –como el que arriendo con tres compatriotas- remite a una cifra mensual superior a los $2 millones. Parece casi descabellado, pero como los sueldos son comparativamente mayores puede pagarse tal monto.

Como corresponde a una ciudad que se ha abierto al mundo, la vida nocturna es activa. Hay muchos bares y pubs-discoteques funcionando a diario y hasta altas horas de la madrugada. Dato importante: nadie paga entrada. Ello, no obstante, implica que los guardias del local pueden decidir cuándo “está lleno” y no se puede ingresar: curiosamente, eso sucede mucho cuando aparece algún sudaca con ganas de conocer el lugar… Como la juventud local es desinhibida, gusta mucho del tecno y de música en español tipo “La vida Loca” de Ricky Martin: esos ritmos acá hacen furor. Los locales tienen nombres en ruso, inglés y hasta en español (de hecho, supe que uno se llamaba “Pancho Villa”. ¿Curioso, no?).

Y aquí un guiño para los compatriotas en Chile: en Moscú no existe Transantiago ni nada que se le parezca. La población se moviliza en el Metro, algunos (escasos) tranvías y la gran mayoría –aunque parezca insólito- en automóviles propios (todos casi nuevos y de modelos de última generación). Si bien hay taxis “oficiales” (inclusive circulan algunos Mercedez Benz…), se usan mucho los “informales”: cualquier ciudadano pasa en su auto, ve a alguien esperando, si quiere se detiene frente a él y, de darse el trato, lleva a su interlocutor a destino por una cifra convenida de rublos. Así de fácil. Era que no, las calles se ven a menudo colapsadas y las grandes avenidas aparecen como un paliativo. Así, como con la que está frente a mi departamento, la que tiene nueve vías en cada sentido. O sea, 18 vías en una calle. Imaginen eso.

(Continuará…)

miércoles 29 de julio de 2009

LA CONSAGRACIÓN DE LAS MASAS Y EL “MOLESTAR” DE LAS ÉLITES…


(Publicado el 28 de julio de 2009 en http://www.blogopolis.cl/)


Hace unos días caminaba por un concurrido mall en pleno centro y aproveché de pagar allí la cuenta del celular. Cuando encontré un local para hacerlo, advertí que las filas eran desoladoramente largas. Como afortunadamente contaba con algunos días antes de que expirara el plazo estipulado en el documento, decidí dejar el trámite para otra ocasión.

Extrañamente, sin embargo al volver a los pasillos y constatar como la muchedumbre me envolvía y arrastraba, el “significado intrínseco” del trámite adquirió para mí un sentido singular.

Cigarrillo en mano, múltiples pensamientos acudieron a mi cabeza. Me pregunté, por ejemplo, ¿desde cuándo la ciudadanía venía demostrando a tal punto su poder como para que –más allá de la utilidad de los centros de pago – florecieran de manera explosiva y por todos lados: “Salas de Venta”, “Centros de Atención al Cliente”, “Servicios Técnicos”, “Locales de Atención Especializada” e incluso a nivel de gobierno “Oficinas de Información, Reclamos y Sugerencias”? ¿Vivíamos una suerte de Apocalipsis de la llamada “Irrupción de las Masas” que profetizó el sociólogo Eugenio Tironi? ¿Por qué tanto la empresa privada como los servicios públicos disponen hasta la saciedad de plataformas destinadas única y exclusivamente a atender a sus usuarios y de acuerdo con “los más altos” de calidad, según hacen gala cada vez que les es posible?

Evidentemente, una singular mutación se viene registrando en el país desde el advenimiento de la democracia y el fin de 17 años de dictadura –o régimen militar como también se le llama–. Con el correr del tiempo se ha venido configurando un Estado con mayores niveles de tolerancia y una sociedad más libre y abierta en muchos sentidos.

Pero el fenómeno fue más amplio y tuvo incomodas repercusiones tanto para los privados como el gobierno: la clientela/ciudadanía habló fuerte y claro para difundir a los cuatro vientos que no estaba para que le vendieran gato por liebre. Así hizo notar su malestar ya fuera a través de reclamos verbales o escritos, denuncias mediáticas, invocaciones a la autoridad, o lisa y llanamente mediante una estrategia convenientemente sui géneris: la funa.

Volviendo a Tironi, me pregunto: ¿y qué pasó con “las élites”? Al parecer dieron por perdida la batalla contra la fiebre de las reivindicaciones de consumidores y/o ciudadanos y se guardaron en sus tranquilos cenáculos, círculos infranqueables o severos cuarteles. Hoy por hoy, siguen aguardando a la espera y acechantes, con la socarronería que les caracteriza y sabiendo que en una de esas las “masas” pueden pegarse su buen costalazo. Mientras tanto no les viene mal joderles un poquito, con, por ejemplo, el estigma de “la delincuencia” ¿o no?

miércoles 22 de julio de 2009

"Clásicos del Paseo Ahumada"


(Publicado en revista El Periodista el jueves 8 de Abril de 2004)


En el hervidero que se transforma cada día el centro de Santiago, los artistas callejeros son un respiro para los diligentes hombres y mujeres que caminan por sus veredas. El Periodista salió a conocerlos, a recoger sus historias, y a ponerlas en el papel. Estos son los clásicos del Paseo Ahumada. Ya se sabe, no son grandes artistas, pero tampoco quieren ser menos.


Entre vendedores ambulantes y predicadores, los artistas callejeros disputan la atención de los miles de transeúntes que a diario circulan por el corazón de Santiago. Ellos entregan un rato de esparcimiento que a menudo es recompensado por una moneda. Algunos están condicionados por un permiso municipal que les faculta para actuar en el centro y en horarios específicos, otros -un grupo más bien numeroso- se ve confinado a sectores menos rentables.
Dicen que tienen mejor público en las tardes, cuando la mayor parte de los trabajadores del sector abandonan sus plazas habituales y deambulan conversando con colegas o amigos, "vitrinean" en las tiendas o sencillamente caminan rumbo a la micro que les llevará de vuelta a casa. Y es que pasadas las 6 ya no hay tanta prisa como en las primeras horas del día, y es posible detenerse algunos minutos para ver a los artistas callejeros. Como relata uno de ellos: "no tiene mucho sentido venir a presentar un espectáculo en la mañana. Todos andan corriendo como locos. Los que tienen sus pegas aquí andan pensando en lo que tienen que hacer. Los otros, que simplemente vienen a comprar o a hacer trámites, tampoco están como para darse el tiempo de disfrutar de lo que hace el artista de las calles".
Lo que sigue es algo así como una selección, el grupo más emblemático de estos representantes de la creatividad y el ingenio popular. Conviene aclarar algo: resulta imposible reseñar a todos y cada uno de estos humoristas, músicos y cantantes, pintores y caricaturistas, magos, bailarines, hombres y mujeres "estatua", mimos, malabaristas y actores, que hacen de las calles céntricas su escenario, de los transeúntes su público, y de las monedas su sueldo. No están todos los que son ni son todos los que están.
Y así como le dicen a su público, "el arte de la calle es para todos: para los que tienen dinero y para los que no". Si quiere adentrarse un poco en sus vidas quédese, que para ellos "su presencia, amigo y amiga, también es importante". Con toda dignidad y sin querer ser menos, en El Periodista un aplauso les pedimos para estos artistas chilenos.


1. Pedro Acuña - Mimo Felipe:

El mimo más conocido del país se llama Pedro Acuña, y tiene 30 años. Para quienes le han visto en el centro de Santiago, donde trabaja desde 1995, tal vez resulte difícil imaginar que el "Mimo Felipe" es un hombre mesurado, reflexivo y de expresión cuidadosa. Además de autodidacta. Conoció la práctica del mimo en las calles de Coquimbo, y más que imitar a los peatones, con su acto busca "ser un espejo de la idiosincrasia de los santiaguinos". Dice que no busca burlarse, sino que reflejar lo que mira. Para hacerlo observa detenidamente una ciudad en donde advierte personas "atropelladoras, faltas de educación, que caminan apresuradas y que si les es preciso atropellar y pasar a llevar al del lado, lo hacen".
"La cualidad esencial del mimo callejero, dice Acuña, es poder percibir el ánimo de los transeúntes para saber con qué persona se puede `trabajar'". Sabe "oler" a sus víctimas. Lo ha aprendido con la práctica y uno que otro desaliento. Un ejemplo: en una de sus primeras actuaciones en la Plaza de Armas, se puso frente a un caminante, imitándole "en cámara lenta", sin tener la precaución de mirar su rostro para intuir alguna mala reacción. El hombre le golpeó con un bolso en la cara, rompiéndole la ceja. Como su maquillaje era blanco, pronto se le fueron dibujando manchas de la sangre que fluía desde la herida. "Mi rostro tenía que verse horroroso, pero como yo no lo notaba, seguí actuando, hasta que el mareo me obligó a parar. Cuando vi que me caían gotas rojas sobre un zapato me percaté de que la rotura era grave. La gente quiso perseguir al hombre, pero la disuadí porque la culpa fue mía. Con los años he aprendido a intuir de inmediato si la persona viene enojada o no. Y para ello sólo tengo 1 ó 2 segundos", cuenta.
El "Mimo Felipe" trabaja durante la semana de 3 a 7 de la tarde, en jornadas en que emociona a los transeúntes. Como ese hombre que hace unos años se le acercó sonriendo pero con lágrimas, y que le confesó que en casi una década no había podido reír por el luto que guardaba tras la muerte de su esposa.


A Eduardo Placenco, de 31 años, le han gritado en el Paseo Ahumada "tú soy pedófilo" y "a ti te gustan los niños". Los insultos serían terribles... pero si estuvieran dirigidos a su persona. No sucede así con este bailarín que desde hace 3 años (estando cesante y tras ver un documental sobre su ídolo) se gana el sustento imitando, de lunes a domingo, a Michael Jackson.
Mientras en su radio portátil suena "Billie Jean", explica que "la paradoja es que son precisamente niños los que me dejan más propina. Además, Michael es mi personaje, no soy yo, pese a que tengo que producir su imagen y creérmela: yo debo `ser' Jackson por todo lo que dure mi show".
Baila desde los 8 años. Su experiencia le ha permitido concluir que dada la gran cantidad de artistas callejeros, aquel que más produce, hace llamativo y perfecciona su acto, es a quien se retribuye con más dinero, lo que en su caso -asegura- le ha traído envidias de otros bailarines.
Este hombre, que busca minuciosamente sus vestimentas en "ferias de las pulgas", fue hace unos años -el hecho fue informado en medios de comunicación- detenido por policías mientras actuaba, lo que generó una repentina protesta de transeúntes que no pudieron evitar que le llevaran a una comisaría, requisaran sus artículos y se le comprometiera a pagar una multa.
Si bien ha participado en programas como "¿Cuanto vale el show?" y "De pé a pá", ya no se presenta en espacios de "busca talentos" y continúa su batalla diaria en las calles. Tras intentarlo, razonó que "en esos casting de la TV todo está arreglado y la única manera de entrar es con pituto, es decir, conociendo a alguien importante, lo que para un artista de la calle es muy difícil".
Todos los veranos sale a recorrer el país y sabe que cada día le depara nuevos desafíos. Ya que en verdad Placenco no es Jackson y a diferencia del norteamericano, este hombre debe trabajar duro para ayudar en la mantención de su hogar, integrado por su esposa y una hija.


3. Carmen Painaqueo y Luis Moraga - Dúo de humor Titi Kaka:

Como parte de un espectáculo diario, Carmen Painequeo le entrega a su marido Luis Moraga 4 mil pesos que ha juntado en monedas de cien. El hombre se mete las manos a los bolsillos, haciendo sonar el dinero. Entonces pregunta una y otra vez si alguien puede obsequiarle una moneda de $10. Ante lo reiterado de la petición, Carmen le pregunta: "¿Y para que querís $10?". Su marido de dos décadas, padre de sus 3 hijos, muy suelto de cuerpo, responde: "Pa sus gastos, mijita..."
Es una suerte de "guerra de los sexos" la que montan, al frente de la Catedral. Y tiene su razón de ser: a su juicio, a la gente le divierte ver cómo una pareja se trata descaradamente como el perro y el gato. Llevan 8 años en el oficio, se hacen llamar el dúo "Titi Kaka", y se presentan entre 7 a 11 de la noche.
"Llevamos bastante tiempo con esta rutina en la que nos agarramos de las mechas y pegamos charchazos. Pero terminado el show, todo cambia ya que nosotros de verdad nos queremos", reflexiona Painequeo. Su marido agrega: "A la gente le gusta ver el conflicto y las peleas de otros. Incluso nos han llegado ofrecimientos de personas que nos han dicho que si nos ven tirarnos el pelo nos dejan más propina. Pero nosotros no somos así: con mi esposa nunca peleamos. Lo que hacemos es contar historias de la vida real".
Antes de trabajar con su mujer, Moraga formaba parte del dúo "Los grosos del humor", compartiendo créditos con Julio Monsalves, conocido ahora como "Peñeteñe". Pero la fama no le quita el sueño y ha optado, a diferencia de otros colegas, por mantenerse fuera de las pantallas. "Soy un guerrero, pero de la calle, no de la televisión", apunta. "Además, en la vida diaria la gente es nuestro desafío, pues es un público difícil. A veces uno no sabe cómo engancharla para hacerla reír. Eso sí, algo es claro: a comienzos de mes, después del pago, todos andan más relajados y predispuestos a pasarlo bien. Lo contrario es a fin de mes, cuando cada cual tiene sus preocupaciones", dice mientras atisba hacia el Paseo Puente y exhala el humo de un cigarrillo.


4. René Alvarez - Mago Palito Show

"Palito Show" lleva 45 años haciendo trucos de prestidigitación e ilusionismo. Vende sus "magias", pero su mayor fuente de ingresos es actuar en cumpleaños infantiles. Trabaja por las tardes en el centro santiaguino. Es presidente de la "Corporación Cultural de Artistas Peatonales", entidad que con 60 miembros lucha para que los artistas callejeros trabajen libremente, sin exigencia de permisos municipales.
"En mi acto yo ilusiono con el verso. Le doy vida a los trucos", explica René Alvárez, de 67 años, añadiendo que su particular vestimenta es parte de una presentación humorística que a menudo incluye un singular informe meteorológico: "Para mañana la temperatura mínima será la más baja", vaticina, entre miradas sorprendidas. Exhibiendo un amplio repertorio de trucos, aborda a una niña espectadora: "Esta magia está como sacada del cuento de Aladino y la lámpara maravillosa". De pronto, los padres parecen querer irse, sin comprarle un truco. "No llore, mijita. Estoy todos los días acá... hasta cuando su papá encuentre trabajo", se despide. "Y ahora otra magia", dice al auditorio.
Recuerdos de su vida artística le emocionan. "He visto a niños que fueron `pelusitas de la calle' que vienen a verme, aprovechando sus salidas dominicales de prisión".
"Palito Show" conoce el aplauso. Ha actuado en Noche de Gigantes, Sábados Gigantes, Éxito, Hágase Famoso, ¿Cuánto vale el show? y Ciudad Gótica. Su magia ha transitado por Chile y países sudamericanos. Tal es su reconocimiento en las calles que en 1992 el partido Unión de Centro Centro lo presentó como candidato a alcalde por Santiago. "Saqué poco más de 1000 votos, contando el de mi señora y el mío", comenta.
El mago animó un cumpleaños de Pinochet, del que conserva una fotografía en la que se observa un General complacido. "Está imagen me salvó muchas veces. Cuando en los 80 me detenían por trabajar sin permiso, lo que sucedía a menudo, pedía hablar con el jefe de policía y le mostraba la foto. El hombre se ponía nervioso, y me soltaba de inmediato".

5. Poli Jazz Bad

Fernando Villablanca (trompeta), Carlos Barrios (saxofón), Juan San Martín (tambor), Domingo Ayar (timbal) y Jorge Reyes (trombón) son los integrantes de la Poli Jazz Band, cultores de jazz instrumental en su vertiente "Dixieland", nacida en New Orleans, y que les permite improvisar en base a melodías reconocibles. Louis Armstrong, Glenn Miller y Cole Porter son algunas luminarias que incluyen en su repertorio.
Su permiso municipal les permite tocar en Huérfanos con Estado, de lunes a viernes entre 19 y 21 horas, y los sábados y domingo, de 11 a 15. Si bien hay artistas que para actuar en horarios ventajosos infringen las normativas, estos músicos saben que su show les hace particularmente identificables por la policía. "Hace dos años nos llevaron presos. Teníamos un permiso de actuación ampliado, pero sólo transitorio. El carabinero no lo entendió así, tuvimos que pagar el parte tras cinco horas detenidos junto a delincuentes de todo tipo", añade.
Estos músicos profesionales advierten que tocar en la calle tiene sus pro y sus contra. Señala Ayar: "lo bueno es la gran variedad de gente que transita a la que si le das un espectáculo que le guste, te retribuye bien. Lo malo es que cuando te ofrecen tocar en locales y lo hacen con ofertas mezquinas, a precio de `artista de la calle'".
Estos jazzistas se reúnen cada día para actuar y juntar algo de dinero, pues corren malos tiempos para músicos como ellos. Si bien en el pasado actuaron en diferentes orquestas, ya con la implementación del "toque de queda" por la dictadura comenzaron las estrecheces, dado el cierre de locales. Hoy deben actuar hasta en eventos, de tarde a madrugada, en que les pagan 10 mil pesos por músico. "Antes existía vida bohemia", hace memoria Reyes. "Pero esa vida nocturna se acabó y hoy la gente tiene otros gustos. Ya no va a ver una orquesta, sino que paga 3 mil pesos para entrar a una salsoteca. Y ahí los dueños ponen un CD que les sale más barato que contratar músicos. Así es que como ya no nos ofrecen contratos, no nos queda más que salir a tocar a la calle".

martes 16 de junio de 2009

Historias desclasificadas del periodismo policial: ESAS CRÓNICAS ROJAS DE ANTAÑO…


Reportaje publicado el lunes 8 dejunio de 2009 en la revista cultural digital Aceite Humano (www.aceitehumano.cl)
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El principio de transparencia que anima a la Reforma Procesal Penal ha puesto en las calles a una suerte de batallón de periodistas a la caza del delito y el crimen. Desde luego que no se ha descubierto la pólvora. Curtidos reporteros que años atrás gastaron mucho más que las suelas de sus zapatos como exponentes de una prensa que batallaba día a día con hartos menos recursos económicos y tecnológicos que los de hoy conocieron en carne propia las vicisitudes de este exigente género. Aquí, cuentan algunas de las cosas que vieron. Y vivieron.

El delito en sus más diversas formas. El amor y el odio como justificativos del crimen y la violencia. Encarnaciones del lado más oscuro de lo humano como el abuso sexual y el suicidio suceden a diario, más allá de los estratos socioeconómicos, las creencias religiosas, las filiaciones políticas, el sexo o la edad.

¿El ancestral llamado de la carne y la sangre se vuelve estelar en un país no ajeno a muestras de modernidad y que se encamina al desarrollo? Todo parece indicar que sí. Es más, no hace falta más que ver un noticiario de TV para percatarse de la relevancia que la sordidez adquiere a diario. El fenómeno, sin embargo, trasciende la pantalla chica. También se advierte en los titulares de la prensa escrita, los medios electrónicos y radiales. Emociones y morbo... para grandes y chicos.

Más allá de los mismos autores del delito y de la propia policía, jueces, fiscales y defensores públicos se han convertido en verdaderas personalidades de la contingencia.

A ellos debe añadirse otro eslabón de la cadena: los periodistas. Y es que el aumento de la percepción de inseguridad ciudadana se ha convertido en rica materia prima de los informativos, lo que sumado al actual carácter público de las audiencias judiciales y la exposición del proceder policíaco, ha generado un verdadero caldo de cultivo rojizo cuya ebullición parece nunca decaer.

Por supuesto, no fue la reforma judicial la que creó una nueva estirpe de profesionales de la comunicación. Desde sus inicios, la prensa nacional abordó los distintos aspectos relacionados con el delito, logrando, muchas veces, crónicas estremecedoras.

Hubo una vez un periodismo policial sustentado en el “olfato”, la agudeza e incluso la astucia para dar con una noticia y salir al paso de las dificultades de un género no exento de obstáculos, en un tiempo en el que no había computadores personales, telefonía celular, Internet, u otros artilugios tecnológicos. Pero el trabajo, claro, se hacía igual.

Cuatro periodistas de la “vieja escuela” ilustran cómo se daba la pelea con aquel particular tipo de reporteo, esencialmente movedizo y callejero.

Una suerte muy chancha

Pasó hace unos cinco años. El jefe de fotografía del diario La Cuarta está en la subcomisaría Población Alessandri, de Estación Central, estampando una denuncia por maltrato de animales contra uno de sus vecinos. En el retén advierte que se ha implementado un "mini zoológico" el que, según averigua, es a menudo visitado por niños de jardines infantiles y escuelas. De pronto, algo llama su atención: todos los animales transitan libremente, salvo un chancho, encerrado en una suerte de celda. Indaga. "A éste tuvimos que encerrarlo, porque la semana pasada atacó y se comió al pavo", le cuenta un suboficial.

De regreso al diario, relata la anécdota al editor de la sección policial, Manuel Vega, quien va al sitio del suceso. Consulta sobre la iniciativa del zoo, sin revelar que sus reales intenciones son averiguar sobre el recluso de cuatro patas. Para dar fe del momento, se fotografía, acuclillado y con su libreta de notas frente a la celda del chancho “Daniel”.

Su mente trabaja a prisa.

"Últimas indagaciones indican que porcino habría matado al pavo en defensa propia y no por envidia. ¡EXIGEN INMEDIATA LIBERTAD DEL CHANCHO!", se titula la nota publicada al día siguiente. A partir de ahí, el tema adquiere rango noticioso y hasta de la TV llegan reportearos. Gracias a su olfato profesional, el periodista había "golpeado" a la competencia.

La historia tiene éxito entre los lectores, atentos al drama "procesal" del puerco.

Dos días más tarde, Vega continúa sus informes del caso. El 12 de septiembre de 2003, cuando concluye la historia, el reportero la transfigura, teniendo en mente la conmemoración del golpe militar del ´73. "¡Al fin y al cabo, no era ni más ni menos que un asesinato en un cuartel policial...! ¡Y había que investigarlo!", cuenta, sonriendo, aunque moderadamente.

La trilogía noticiosa sobre el chancho Daniel deambuló en diversas universidades, ya que algunos profesores de periodismo mostraron así a sus alumnos las posibilidades para contar "de otra forma" un hecho noticioso.

Elocuencia demoníaca

Desde principios del siglo XX, a la par de la industrialización de los medios informativos, cobró relieve y sitial preponderante en el interés de la ciudadanía la llamada "crónica roja". Paralelamente al periodismo radial y antes del auge televisivo, se consagró en diarios y periódicos, otorgando a algunos de sus cultores un aura casi heroica.

El género fue muy exitoso durante décadas. Contó con periodistas y reporteros gráficos que "golpeaban" a los mismos detectives al llegar antes al sitio de un suceso, haciendo también gala de ingenio y voluntad para intuir donde estaba una noticia, contarla bien y publicarla.

Carlos Jorquera, quien trabajó en policial en la década del 60, tiene una anécdota que lo ilustra claramente. A cargo de la edición del vespertino "Ultima Hora", una mañana le telefonea el periodista Miguel Torres. El caso era, supuestamente, un asesinato a balazos en el conventillo "El Chiflón del Diablo", cercano a la calle San Pablo.

Pasan las horas. Los reporteros del diario van despachando sus notas y el espacio para la información se reduce hasta sólo un fragmento de columna.

Suena el teléfono. "No: fue suicidio", le cuenta Torres, quien agrega que el hombre trabajaba como "encerador". Jorquera, con el tiempo en contra y el "jefe de impresión" apurando, actúa rápido. "¿Cómo resumir el caso y dar la noticia?", se pregunta. De pronto, recuerda el fragmento de un tango, que dice: "Dormía tranquilo el conventillo/ nada turbaba el silencio de la noche/ cuando se oyó sonar allá en la oscuridad/ el disparo de una bala fatal./ Corrieron ansiosos los vecinos/ que presentían el final de aquel drama./ Lo encontraron tirado en una cama/ en un charco de sangre..." Y ahí estaba: el tango "El pobre payador" relataba el hecho, en el espacio preciso que quedaba para llenar la página antes de imprimir el diario. ¿El título de la información? "El Pobre Encerador".

Jorquera rememora su paso por el género en el tradicional restaurante "Las Lanzas" de Ñuñoa. "Trabajar en policial era `sabroso´ y permitía conocer la sociedad como realmente era". Enfatiza, tras una enigmática pausa: "En su verdadera dimensión".

Los “anatomistas”

Algunos años atrás, un grupo de periodistas, fotógrafos y camarógrafos estaba en una población tras reportear el incendio de la vivienda de una familia muy pobre, en el que habían perecido tres niños, encerrados y solos.

Se oían gritos desgarradores. El lugar entero parecía rezumar espanto. De pronto, uno de los camarógrafos interpela a los presentes. "¡Yo no sé qué cresta hacemos aquí, cuando este dolor ni siquiera es nuestro! Dejemos que esta gente viva su duelo sola. Yo me voy". Y eso hizo. Uno a uno, los hombres le siguieron, cabizbajos y sintiendo que su presencia sólo aumentaba la desdicha de los deudos.

La historia, recordada por un reportero policial aún en ejercicio, ilustra cómo trabajar en este género exige templanza y fortaleza para vincularse con relatos no ajenos al dolor y el dramatismo. Mundo exigente, en el que se convive con el delito y la miseria, requiere de constancia y perseverancia profesional para seguir un caso y obtener buena información.

El periodista policial trabaja "las 24 horas del día", pues en el sector “las noticias suceden a cada momento", subraya Manuel Vega. Sin que su vestuario ni manera de hablar remita a su diaria convivencia con delincuentes e historias ignominiosas de la más diversa índole, se hace cargo de un malentendido generalizado. "La gente cree que nosotros somos una suerte de anatomistas que pasamos el día descubriendo cuerpos(...) Eso no es así. Tampoco nos volvemos insensibles, al contrario. En este trabajo se ven cosas espantosas y cierto tipo de `humor´, para los periodistas policiales, se convierte sólo en una coraza frente al horror. Por supuesto, también hay situaciones que `te quiebran´, como los abusos sexuales o la violencia contra menores".

Varias reporteras ejercen actualmente como periodistas policiales, lo que ha sido una constante en la historia del género. Muchos estudiantes, hombres y mujeres, se iniciaron profesionalmente en el sector, instados por sus predecesores, para quienes era una excelente "escuela" que brindaba herramientas básicas de investigación. Glorias del periodismo nacional y nombres reconocidos de hoy, tuvieron su debut siguiendo casos intrincados.

Vega hizo su práctica profesional en la sección policial de Las Últimas Noticias, pese a que sus intereses se enfilaban hacia la redacción cultural. “Sin embargo, los `viejos´ reporteros con muy buen ojo enviaban a los practicantes a policial porque sabían que ahí se aprendía a reportear. Creían que quien se iniciaba ahí después podía investigar cualquier cosa. Es una suerte de mito, pero creo que era razonable”, recuerda.

Esa extraña fascinación

Relatos en los que párrafo a párrafo conocemos la humanidad descarnada, vienen recorriendo nuestra prensa ya desde sus orígenes en el siglo XIX, cuando adquieren la dignidad del verso popular. Dos siglos después, a los clásicos "temas del género" se unen flagelos propios de hoy, como el narcotráfico, el lavado de dinero, la asociación ilícita, la violencia intrafamiliar y el abuso sexual de menores, todos delitos que están siendo profusamente difundidos sobre la base del principio de transparencia que anima a la Reforma Procesal Penal.

De esta manera, noticias reporteadas en medio de la contingencia diaria pueden ser punto de partida para indagaciones de vasta profundidad que arrojan luz sobre realidades que van más allá de los hechos puntuales. Es así cómo se abre un ámbito que, si bien requiere alta exigencia y despliegue de recursos, puede ser sumamente reconfortante para los profesionales de la prensa: el periodismo de investigación.

Las investigaciones televisivas han contado desde sus inicios con un atractivo esencial para las audiencias gracias al poderoso imán de las imágenes. En materias policiales, no pocas veces la pantalla se ve inundada de sangre, violencia y crueldad.

La prensa escrita, claro, no ha estado alejada de estas prácticas. Así, durante décadas, las crónicas policiales de los diarios fueron acompañadas de fotografías escabrosas. Un jubilado periodista que se vio inmerso en ese formato advierte que es actualmente inviable. "La reacción de rechazo y repulsa sería instantánea. Creo que el público está más humanizado. Si de crueldad se trata, prefiere leerla y no verla. Ya hay demasiado horror como para darle a la gente extra”, reflexiona, rodeado de diarios y revistas en la biblioteca del Círculo de Periodistas.

Hombre muerto caminando

Hasta 1973, medios con rotundas cifras de lectores salían a la venta, pese a su pasmosa estrechez económica. Entre ellos, el tabloide vespertino "Ultima Hora", ubicado en un departamento arrendado a un dentista en el pasaje Tenderini, según contó al autor de estas notas el periodista Alejandro Cabrera, poco antes de un año que falleciera a causa del síndrome de Guillain-Barré, enfermedad catastrófica de inusual ocurrencia.

Tras recopilar la información, relataba, los periodistas llegaban a la sala de redacción, en donde maltratadas máquinas de escribir "Underwood" y "Royal" veían salir sus "carillas". La oficina tenía un solo teléfono. Nada de computadores, internet o celulares. Y los cronistas recorrían las calles, en vehículos que no eran siquiera del diario.

Por aquellos días, los editores eran exigentes y cuando un texto no era bueno, a menudo "se iba directamente al tarro de la basura". Si era aceptado y luego derivado al corrector de pruebas no se toleraban los errores reiterados, pues "sencillamente, no se aceptaba en un diario a alguien que no supiera escribir".

Época en que la palabra valía oro, descollaron expertos en el arte de condensar ideas atractivamente. "Hubo colegas con mucho talento para titular. ¡Con un ingenio! A veces una crónica era una porquería, pero su título sensacional", refiere Cabrera.

A diferencia de diarios con más patrimonio, "Ultima Hora" debía llevar todo su material a una imprenta en calle Lira. Bajo la supervisión de un "reportero de turno" que debía conocer todos "los frentes", las páginas salían, salvo que sucediera un hecho relevante, a lo que drásticamente se ordenaba "parar" la impresión.

El ingenio afloró en muchos periodistas que buscaron ángulos novedosos de narración. La competencia era fuerte e impactantes fotografías de realismo estremecedor acompañaban a las notas policiales.

La pugna por una "primicia" era férrea. A veces, se llegaba incluso a algunas recreaciones un tanto impresentables. Famosa sería la foto publicada en la portada de la Revista Vea –la que además de policial, incluía novedades revisteriles- de un delincuente que sería fusilado durante la madrugada del día en que aparecía la publicación. Esa mañana, los lectores vieron la imagen del ejecutado, luego de recibir los balazos, instantánea genuina salvo por un detalle: el fusilamiento se había postergado. De esta manera, antes de partir efectivamente, el hombre alcanzó a ver, como todo Chile, el retrato de "su" muerte.

Leyenda negra

Junto con la admiración hacia los reporteros policiales a quienes se veía como personajes que se codeaban con detectives, iban al "lugar del crimen" y deambulaban en el "ambiente" de "los choros", muchos profesionales iban configurando sus propias historias oscuras. "Todo aquello tenía que ver con la tradición de una suerte de periodismo policial que se dio a conocer con la "novela negra" norteamericana, desde los años 30 y que, de manera muy similar, se vivió en Chile, tal como ahí se relató, salvo que aquí en vez de whisky había vino", recuerda un periodista consultado para este reportaje.

Mesas de redacción sobre las que se abrían paquetes de cocaína, repartida luego en hojas de matutino. Botellas de vino o cogñac a medio vaciar en un cajón de escritorio. Delincuentes enfurecidos, pistola en mano, o prostitutas entrando de noche a edificios de prensa. Esposas de grandes directivos que encuentran a sus cónyuges teniendo relaciones sexuales en su oficina. Escándalos, gritos, peleas y gente rodando por escaleras de diarios. Sórdidas historias sucedieron en todo tipo de publicaciones, desde Las Noticias Gráficas a Ultima Hora, de El Clarín a El Mercurio. Nació así una suerte de "leyenda negra" que se cernió durante años sobre el periodismo nacional, incluso más allá del género policíaco.

A la par del trabajo diario, un singular "modus operandi" guiaba a los periodistas más “bohemios”. Largas noches de conversación y farra en restaurantes, "picadas", bares, "boites" y prostíbulos en donde se vinculaban con una "fauna” variada, en la que no faltaban delincuentes, pero tampoco representantes de la ley.

Si bien el régimen militar impuso un silenciamiento forzoso en torno a la violencia policial y militar -la que algunos periodistas vulneraron arriesgando su integridad- no logró desmantelar tales costumbres. De acuerdo con un profesional que ejerció en aquella época "durante esos años, persistieron `veteranos´ del periodismo policial que sólo modificaron ciertos hábitos: si antes farreaban hasta la madrugada en los lugares `típicos´, con el `toque de queda´ se quedaban bebiendo igual, pero a puertas cerradas".

No va más

Aún al arribar la democracia, en ciertas redacciones se continuaba con tales prácticas, insostenible con la rigurosidad profesional que pronto predominaría. Sucedió así en "Las Ultimas Noticias", cuyos directivos vieron necesario acabar de golpe con el desenfreno y la distensión.

La renovación fue drástica y si había que despedir a alguien, se hacía. El encargado del "descabezamiento" fue el ya mencionado Manuel Vega, quien con su llegada al diario también volvía a trabajar en policial, dos décadas después de ser practicante en el mismo medio. Egresado de la primera promoción de la Universidad Católica de Antofagasta, se dedicaría a la docencia y reportear frentes ajenos al periodismo policial, para pasar en los ´80 a trabajar en la Editorial Lord Cochrane. Hasta que la cesantía golpeó a su puerta. Fueron meses duros, rememora.

Una mano amiga le ayudó. El periodista Enrique Ramírez Capelo le ofrecía volver a Las Ultimas Noticias a “modernizar” la sección, la que arrastraba una serie de falencias que mermaban el nivel del trabajo de los reporteros. “Fue el final de una época”, recuerda Vega. “Por aquellos días la relación entre los periodistas y los policías rozaba, a veces, la complicidad. Incluso, recuerdo la historia de aquel reportero y el oficial que barajaban quién saldría a comprar el whisky y la coca mientras el otro se quedaba en el departamento junto a tres mujeres que les acompañaban”.

Durante dos años el periodista trajo al medio gente nueva y con alto interés investigativo. "De hecho, con ellos se acabó `el carrete´. Si bien muchas veces salíamos tarde, nos íbamos a casa. Lo único que nos permitimos conservar fue almorzar durante la semana en una picada del sector norte de Santiago. Todo esto rindió frutos y convirtió a la sección policial del diario en la más exitosa de buena parte de los `90. Los otros medios iniciaron una reformulación semejante", sostiene Vega. Un episodio anecdótico corrobora tácitamente sus dichos: poco antes de ese ajuste, un estudiante de periodismo llegó a Las Ultimas Noticias a hacer su práctica en la sección. El joven reportero trasladaría a una novela sus experiencias y el sórdido ambiente que le rodeó. "Tinta Roja" fue el nombre de la obra y el practicante Alberto Fuguet.

Esta especie de revolución copernicana fue más allá de los métodos de trabajo en los medios. Otra razón dio rigurosidad y "cientificidad" al periodismo policial: las contundentes modificaciones en Investigaciones, donde los generales directores Horacio Toro y luego Nelson Mery se dedicaron a expurgar de elementos perjudiciales a la institución. "Llegaron, literalmente, a desmantelar la corrupción", afirma Vega en la sala de redacción de La Cuarta.

Suena el teléfono de su escritorio. Pide interrumpir un momento la entrevista. Escucha por breves segundos a su interlocutor y reacciona rápidamente: "Ya ¿y adónde pasó?". Sorbe unos tragos de café. Sobre la mesa, la grabadora detenida confirma el fin de la conversación. Pero no es necesaria: la libreta llena de apuntes –no se puede confiar todo a la tecnología, como bien lo supieron los antiguos periodistas policiales-, sirve para registrar el comentario final. “El mejor corresponsal que tenemos es la gente”, explica Vega. “El lector de La Cuarta es muy comprometido. Siempre que hay problemas en su población llama acá, a su diario popular”. Y enfatiza: “Siempre, todos los días”.

viernes 12 de junio de 2009

TRES CHILENOS RECUERDAN A CORTÁZAR


(Publicado en revista El Periodista el viernes 12 de Marzo de 2004).
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A veinte años de la muerte de Julio Cortázar, invitamos a tres escritores chilenos para que nos hablaran del autor de "Rayuela". Ellos lo conocieron, y estas son sus historias. Cortázar, el gran cronopio, visto con ojos de chilenos.

Julio Cortazar, quien fuera uno de los más emblemáticos autores del "boom" de la literatura latinoamericana, falleció de leucemia a la edad de 69 años en el Hospital Saint Lazare de París el 12 de febrero de 1984. La conmemoración del vigésimo aniversario de su muerte ha hecho del 2004 el año de Cortázar: se han llevado a cabo y se siguen preparando numerosos homenajes, encuentros y exposiciones en el mundo entero.

El autor de volúmenes como "Rayuela", "El Libro de Manuel" e "Historias de Cronopios y Famas", llegó a la capital francesa en 1951, a los 34 años, alejándose de la dictadura de Perón y buscando una atmósfera que potenciaría su imaginación. A la par del tiempo dedicado a la escritura, se desempeñó como traductor "free lance" de la UNESCO y envió a nuestro continente versiones en español de insignes autores, entre ellos Edgar Allan Poe, de quien fue un admirador.

Con el correr de los años 60 y en medio de un contexto convulsionado, su narrativa, inicialmente fantástica, integró temas políticos, como en "El Libro de Manuel". Cortázar llegó a convertirse en un intelectual defensor de causas revolucionarias y luchó contra los totalitarismos, integrando el Tribunal Russell que juzgaría crímenes cometidos por la dictadura de Pinochet.

Su relevancia en Francia llegaría a tal punto que en 1981 el Presidente Francois Miterrand le otorgaría la nacionalidad francesa. Al fallecer ya era una figura emblemática de la narrativa del siglo XX.

Lo que sigue son los relatos en primera persona de tres escritores chilenos que conocieron a Cortázar, y que a veinte años de su muerte lo recuerdan.

Alvaro Cuadra
Docente e investigador de la Universidad ARCIS

En 1979 yo escribía cuentos y quería ser escritor. Tenía 23 años e integraba la Unión de Escritores Jóvenes, respaldada por la Sociedad de Escritores de Chile. Quería alejarme de este país en dictadura y escribir. Tuve la suerte de conseguir una carta de recomendación de la SECH destinada a Julio Cortázar.

Me recibió en el departamento en donde vivía junto a su tercera esposa, Carol Dunlop. Me sorprendió mucho lo sencillo, abierto y humano que era, pese a su grandeza. Era muy solidario con la causa chilena y pese a ser "la" figura cultural latinoamericana en París, me acogió siendo un muchacho desconocido de Chile que sólo había publicado cuentos en antologías. Siempre le agradeceré que, desinteresadamente, me abriera puertas; también, que fuera un hombre de amistad fácil y querible. A partir de entonces, nos encontramos en varias oportunidades, conversamos por teléfono e intercambiamos cartas.

A comienzos de la década del 80 surgieron con insistencia voces desde el exilio que planteaban la necesidad de volver al país para atentar contra la dictadura. En 1981 regresé, entre otras razones, aconsejado por Cortázar, quien me planteó como posible luchar desde la cultura.

Comencé estudios universitarios de lengua y literatura francesa. Para 1983 quise volver a Francia, en donde podría profundizar mi conocimiento del idioma. Un día recibí una noticia que me emocionó profundamente: como yo le había comentado a Cortázar que mis recursos no eran suficientes para viajar, decidió enviarme un pasaje para París, convidándome a que le fuera a ver.

Me invitó, pero la paradoja es que fue para su funeral... Llegué en enero del 84 y en menos de 15 días falleció, de improviso. En París yo le había llamado para ubicarle. Me enteré así de que estaba internado. Un día viendo televisión supe que Cortázar había muerto.

Pese a que no pertenecía a su círculo íntimo, sus cercanos me permitieron verle. Tuvieron la gentileza de dejarme estar un par de minutos a solas con el cadáver. Tenía en una mano un libro de Rubén Darío; en la otra, una rosa roja. Toda esa situación me afectó mucho. Recuerdo que ese día vagué varias horas por las orillas del río Sena, muy triste.

En Chile concluí que era necesario hacerle un homenaje. Conversé con el presidente de la SECH, Martín Cerda, con Poli Délano y Ramón Díaz Eterovic. El acto tuvo lugar en agosto y creo que fue el único que se realizó a Cortázar en el país. No fue nada fácil porque en 1984 Pinochet estaba mostrando todo su poder, dando, por decirlo de un modo, palos a diestra y siniestra. Se realizó en el Instituto Chileno Francés de Cultura y tuvo gran asistencia. Obviamente, ninguno de los diarios afines al gobierno lo difundió; sólo lo hicieron un par de medios opositores.

Con los años he releído su obra. Me parece que en América Latina se hizo una reducción de sus textos, leyéndosele políticamente y sólo como epígono de lo que se convino en denominar "Revolución". Pero Cortázar es mucho más que eso: veía figuras, encontraba sentidos donde nadie lo hacía. Como diría Octavio Paz, él "viajaba a la otra orilla", mostrando caminos inéditos para la conciencia. No ha sido comprendido realmente, en tanto autor de una obra que delata experiencias psíquicas muy, muy profundas.

Federico Schopf
Poeta, ensayista y profesor universitario


A Cortázar lo conocí primero como escritor. Lo leí desde sus inicios, a medida que fueron apareciendo sus libros, que llegaban desde Argentina con retraso, para su segunda o tercera edición. Pero en 1963, año de lanzamiento de su novela "Rayuela", su casa editorial se atrevió a publicar tiradas más grandes, por lo que pude comprar un ejemplar de primera edición.

Le traté por primera vez cuando vino a Chile en 1972, invitado por el gobierno de la Unidad Popular. En medio de la efervescencia política y cultural de esos años, Cortázar podía ser considerado como un "intelectual comprometido"; sin embargo, no uno dogmático: creía en la necesidad de plantear críticas al socialismo.

Participó en una serie de lecturas, foros, debates y reuniones con círculos intelectuales. Pese a su intenso calendario, concurrió aun a otras actividades, entre ellas una cena a la que asistí en casa de Enrique Lihn en donde era invitado principal. Entre los asistentes estaba el escritor chileno Mauricio Wacquez, que fue muy amigo de Cortázar.

También le vi en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Chile en donde dialogó con estudiantes y profesores. En una ocasión estábamos en una sala en donde se realizaba una lectura y tuvimos que trasladarnos a otra, donde habría un debate. Fue llamativo que Cortázar, un hombre reconocido y ya mayor, atravesara los jardines caminando con los asistentes como uno más, siendo que podría haberlo hecho por los pasillos establecidos. Era un intelectual sin aura de vate, elevación o grandeza, que se situaba al mismo nivel de sus lectores, como lo hacía Nicanor Parra.

Le traté igualmente cuando fue invitado en 1976 a la Feria del Libro de Frankfurt, Alemania, en donde yo vivía. Para mí no fue problema llegar a él pues tenía gran solidaridad con sus lectores latinoamericanos, sobre todo con los exiliados.

Pero tampoco llegamos a ser amigos, pues para eso hay que conocer mucho a una persona y yo no llegué a tanto con Cortázar. Sí me reuní con él en varias oportunidades y advertí que respetaba mucho al prójimo, era un hombre pulcro y comedido de gestos y no imponía opiniones ni modales. Cortázar evadía los lugares comunes y estereotipos. Era abierto a la aventura y ponía su atención en aspectos inéditos y lúdicos de la realidad. Guardaba, eso sí, cierta distancia, pero ésta era considerada y no obedecía a que creyera estar en un rango superior.

Sin embargo, pese a su personalidad, lo más importante es su obra, la que presenta un juego que hace vacilar la comprensión del mundo.

Tras volver a leer sus libros, hoy me parece que "Rayuela", obra que inauguró un nuevo modo de abordar la novela latinoamericana y que expandió los campos de "lo real" en literatura, se ha avejentado. Ya no retiene los novedosos contenidos que comunicó en su época y presenta un arruinamiento que no le añade significado. No sucede lo mismo con la mayor parte de sus libros, en especial con sus primeros volúmenes de cuentos como "Bestiario", "Final del juego", "Las armas secretas" y "Todos los fuegos el fuego".

Por casualidad yo me encontraba en Europa cuando falleció. Me impresionó favorablemente que fuera recatado hasta para la muerte. Cuando a fines del siglo XIX se realizaron en París los funerales de Víctor Hugo, fueron ceremonias de carácter nacional con multitudes en las calles y desfile de autoridades. Cortázar jamás hubiese aceptado un entierro de esa especie, oficial y masivo, pues nunca buscó reconocimiento público ni institucional.

Antonio Avaria
Crítico literario


Cortázar estuvo en Santiago en 1970 con motivo de la asunción presidencial de Salvador Allende. Fui a un hotel céntrico en donde se hospedaba y al encontrarlo, simplemente, le hablé. Me fue fácil reconocerlo, dada su estatura mucho mayor de lo normal y su rostro juvenil, productos de la acromegalia que le hacía crecer y alisaba su piel. Tenía manos y pies enormes, pero se desenvolvía con seguridad y aplomo.

Su mundo literario era muy atractivo por proponer una realidad con varios velos, que tras desgarrarlos permitían acceder a mundos fantásticos. La suya era una personalidad también atrayente. Hablaba de forma simple, con voz clara y modulada. Nunca le vi fuera de sí y me pregunto si alguna vez lo estuvo.

Como escritor no era dado a trabajar con esquemas, disciplinas ni horarios: de pronto, le asaltaba una historia y la redactaba. Parte importante de su cuentística mantiene vigencia, escribiendo algunos grandes relatos de la literatura universal, superando tal vez, incluso a Borges y Quiroga. Además fue autor de "Rayuela", novela que ahora no es tan leída, pero que durante años significó mucho en Hispanoamérica. Por ella incluso fue el primer escritor latinoamericano en la portada del suplemento literario de The New York Times. Su obra captó otras dimensiones de la realidad por lo que es influyente hasta hoy.

En 1975 vi a Cortázar a la entrada de un correo en París. Me trató cordialmente. Al recordarle mi nacionalidad, me comentó que los dos viajes que había hecho a Chile antes del golpe de Estado le habían permitido conocer a escritores y exiliados con los se contactaba para apoyar la resistencia a Pinochet.

Con cierta malicia le pregunté si había visto a Jorge Edwards. Sabía de su afecto, pero también que pocos meses atrás se había publicado "Persona non grata" de Edwards, la primera crítica abierta de un intelectual de izquierda al régimen de Fidel Castro. Me respondió: "Tú sabes que con él tengo una vieja amistad, pero desde que publicó ese libro no lo he visto... ni quiero verlo". La obra era para él una traición a la revolución cubana.

Después no lo vi más. Me enteré de su muerte en Ginebra. Luego, fui al cementerio Montt Parnasse donde está enterrado junto a escritores como Baudelaire, Sartre y Beckett. Su tumba era muy simple y su lápida carecía de identificación (por lo que para llegar a ella se debían seguir indicaciones del mapa del cementerio), pero estaba cubierta de muñecos y artefactos, vale decir, de cronopios.

jueves 4 de junio de 2009

REPORTAJE INÉDITO: "LA (INCOMPRENDIDA) LUCHA DE LOS DEFENSORES PÚBLICOS"


(Redactado en 2006, pero no publicado)

La Defensoría Penal Pública garantiza que todo ciudadano cuente con un abogado profesional que le represente si entra en el proceso judicial y no sea condenado si es inocente o no hay pruebas lícitas en su contra. Aunque, por ello mismo, sus impugnadores son legión. Es que si bien se les reconoce su empeño en evitar que paguen justos por pegadores, se les cuestiona que amparen a imputados por los delitos más diversos y exijan para ellos un “debido proceso”. Compleja misión la suya...

En la práctica, un detenido debe ser informado de sus derechos, entre los que está contar con un abogado. Si en la comisaría exige tenerlo y no cuenta con dinero para pagarlo, se presentará un defensor penal de turno. Si desiste de la defensa, de todas formas, antes de 24 horas irá a una audiencia de control de detención ante un juez. Tienen lugar de lunes a domingo en dos turnos, mañana y tarde, y en ellas se pondera, entre otras variables, la legalidad de la aprehensión y si ésta se realizó por delito flagrante o por orden judicial, .

En representación del Ministerio Público, el fiscal defiende el procedimiento aplicado. A su vez, el defensor revisa todos los antecedentes recopilados y recoge la versión del imputado. Si advierte algo anómalo, se lo expresa al juez, quien evalúa lo expuesto por las partes. Etapa más divulgada por la prensa, implica el riesgo de estigmatizar como culpable a un imputado, quien más encima enfrentará el nuevo proceso penal con altas dosis de desconocimiento.

A diario llega hasta el Centro de Justicia de avenida Pedro Montt, centro neurálgico de la Reforma Procesal Penal, al menos cerca de un centenar de personas a control de detención. Custodiadas por Gendarmería reciben un trato igualitario, dado que se exige que todo imputado sea presentado ante el juez en las mismas condiciones en que se recibió por lo que todo abuso queda consignado, desde ya si cuenta con agresiones atribuibles a las policías.

La Defensoría Penal Pública funciona desde el inicio de la Reforma Procesal (2001), asegurando a toda persona que entra al proceso penal, desde la detención y hasta la ejecución de la sentencia si así lo amerita, el servicio de abogados profesionales remunerados por el Estado. Servicio gratuito toda vez que no hay recursos, demanda pago parcial o total de existir posibilidad de cancelarlo.

Hasta 2006 y según antecedentes de la institución, más de 250 mil personas habían sido sus usuarios y sobre 400 defensores se desempeñaban, a la fecha, lo largo del país; en la región metropolitana, la única con dos defensorías, habían 160.
Defensores y fiscales se caracterizan por su alta calificación, experiencia penal y constante perfeccionamiento académico. Saben que encarnan la mayor revolución judicial republicana, lo que les llena de entusiasmo. Y si bien en las audiencias litigan duro, fuera de ellas mantienen relaciones cordiales.

Particularmente incomprendido por la población es el trabajo de los defensores, pues la lógica indica que quienes delinquen deberían irremisiblemente pagar con cárcel. Pero el sistema garantista de la Reforma Procesal obliga a evaluar las causas con pleno respeto a los derechos de los imputados, inocentes hasta que no se pruebe lo contrario, tal como explican aquí cuatro defensores públicos.

Alejandra Lobos, defensora de Lo Prado:
“¡Cómo es posible que defiendas a homicidas, violadores y asaltantes!”. Así me han dicho hasta en mi familia y seguramente cualquiera podría hacerlo. Mi respuesta es que todos, sin exclusión, tienen derecho a ser defendidos, incluso los delincuentes. Esto no es un incentivo al delito sino que hace valer el Estado de Derecho.

Podría creerse que la mayoría de los imputados son detenidos delinquiendo o bajo orden judicial. No es así. Mayoritariamente, atendemos a gente citada por la fiscalía por una denuncia. Hace unos días recibí a una pareja. El marido era acusado de amenazar a su esposa y para no ir a juicio se le propuso hacer terapia familiar por un año. Le pregunté que pasó. “Yo no la amenacé. Me interrogó sobre que haría si tuviera otro hombre y le contesté: “Ya lo veremos”. Y por eso me denunció”. La mujer respondió algo sorprendente: “Quiero separarme. Pensé que así me dejaría”. Más allá de la anécdota, era importante hacerle ver que su esposo sería formalizado por un delito y podía enfrentar juicio. ¿Qué le pasaría a ese hombre sin defensor? Quedaría a merced de una situación basada en una prueba falsa.

No siempre pedimos al juez la absolución del imputado. Ello sería insostenible ante un homicidio acreditado, por ejemplo. Trabajamos por un respeto al debido proceso con pruebas y testigos válidos, pues hay irregularidades de procedimiento. Como ejemplo: seis personas vienen en un taxi. En la maleta se halla una mochila con droga y el fiscal ordena detención para todos. En la audiencia, le dije: “Si fueran en una micro, tendríamos 40 detenidos”. Es que lo lógico antes de recluirlos era investigar de quien era la droga”.

Claudio Gálvez, (actual) defensor jefe de Árica:
“El nuevo sistema penal presume inocencia mientras dura una investigación y hasta que haya condena. Sabemos que se trata de un precepto impopular, pero no protege sólo a los eventuales procesados sino también a inocentes. Hace algunas semanas, dos defensores litigamos en un juicio a dos jóvenes acusados por robo con violencia e intimidación. La fiscalía pedía 10 años y un día de prisión para cada uno. Tras cinco meses de reclusión preventiva, uno fue absuelto y el otro recalificado y condenado a 61 días, dados por cumplidos. Eso nos causa frustración. ¿Quién les devuelve ese casi medio año de vida en la cárcel?

Además, la prensa va creando confusión. Casi se me cayó la cara cuando vi a un periodista relataba así la entrada de un imputado a una audiencia: “Este sujeto que muestra la cámara está acusado de violación”. Aún no estaba acreditada su culpabilidad, si la había... ¡y el hombre quedó ante todo Chile como violador! Así pasa mucho en las audiencias de control de detención, las más difundidas por los medios, cuando ni siquiera está claro si se formalizará un delito.

Si un imputado me dice que cometió un delito, éticamente no puedo sostener su inocencia, pero sí argumentar si hay o no pruebas para declararlo culpable. Se trata de que no se apliquen medios ilícitos contra nadie, no de establecer una “verdad” que sólo víctima y victimario conocen, porque de seguro ninguno de los actores de la Justicia estuvo en el lugar de los hechos. Hay que equilibrar la eficacia penal por la que los culpables debieran ir a prisión y los inocentes caminar en libertad. En una lucha diaria con los fiscales, trabajamos porque de tener que ir alguien a la cárcel lo sea por lo que corresponde. Ni un día más ni menos”.

Sandra Aro, defensora de Las Condes:
“Sí: aún hay irregularidades policiales en las detenciones pero han disminuido al haber obligación legal de que se lean los derechos a los aprehendidos, lo que de no respetarse se denuncia al juez. Es significativo que reclamen más por abuso de fuerza de los guardias de multitiendas que de carabineros. ¿Existe estigmatización contra los imputados que vienen de sectores de bajos recursos? Sí y no lo digo yo, sino que lo establecen estudios y cifras. Hay, claro, residentes de la comuna, pero la mayor parte son personas en tránsito que no corresponden a su “perfil”. Es por ello muy probable que sean mirados de forma “particular”, sumado a que sobretodo se les acusa de delitos contra la propiedad, algunos con violencia, y sobretodo hurtos en supermercados y locales grandes.

Tras el caso de las “niñas araña” existe amplia cobertura a los robos de casas, un delito frecuente, por cierto. Pero debe diferenciarse si la casa está habitada o no, pues ello puede incidir en el uso de la violencia y toda imprecisión sólo aumenta el miedo ciudadano.

Jamás un defensor se queda de brazos cruzados. Si se acredita un robo a la propiedad privada, se deben hacer valer los atenuantes como la minoría de edad del acusado de haberla, la falta de antecedentes penales y si hubo o no colaboración con la investigación. Siempre hay algo por hacer, incluso resguardar al imputado del acoso periodístico, que a veces atemoriza. Por estar más sereno es el abogado quien puede hacerse cargo de la situación. No se trata de coartar el ejercicio de la prensa, pero llega incluso a interrumpir el curso de las audiencias, ante todo con filmaciones y fotografías. Ello no favorece a nadie”.

Carlos Verdejo, defensor jefe de La Florida:
“En el actual sistema no cabe la mentira y por una razón práctica. Antes, el papel resistía todo, incluyendo el cambio de declaraciones. Hoy, con audiencias “en vivo y en directo” es fácil detectar a quien miente. Los jueces no son tontos. Advierten cuando les toman el pelo y no creen en un mundo de Bilz y Pap donde se buscan coartadas a base de engaños. Para imputado o víctima es pésimo negocio mentir, pues será descubierto y le irá mal. Pero es igual de nefasto para fiscales y defensores que quedarán con su credibilidad por el suelo. Si mienten, los jueces nunca más les van a creer. Es su perdición.

Son muchos los detenidos “primerizos” y les choca el nuevo sistema. Se sorprenden de que el Estado les brinde un defensor y sean oídos por un juez en menos de 24 horas. En cambio, en el antiguo sistema, un familiar llegaba a la cárcel a decirle que su abogado había “presentado el escrito” al juez y que debía esperar. Hoy ve como es defendido y no se lo cuentan. Lo vive en carne propia. Cuando trabajo para un imputado... ¡lo defiendo a muerte! Es trabajo de la Fiscalía probar su culpabilidad y tanto es así que puedo guardar silencio en un juicio y ganarlo si no puede acreditarla.

También la persecución es distinta. Un imputado ve al fiscal que le acusa cara a cara y presenta pruebas. Aquel hombre que “robó, huyó y lo pescaron” conoce los descargos de la víctima y es confrontado con sus actos. Esta es una experiencia muy dura, sobretodo en los delitos sexuales.

Tenemos un alto porcentaje de detenidos que son personas comunes y corrientes que ante la avalancha del consumo... ¡se tientan! "No sé que me pasó”, dicen después. Hemos defendido desde reincidentes hasta una profesora de escuela que robó un traje de baño por no tener dinero para regalárselo a su nieta. Y la pillaron.

El delito fundamental en la comuna es el hurto en malls y supermercados, pero hay también robo con violencia. Según diversos jueces, el hurto o robo por bajo monto no debiera ser sancionado y habría que buscar salidas alternativas. Ello porque las grandes tiendas afectadas cuentan con seguros, pero igual el Estado debe gastar altos recursos en persecución. ¡Me duele que la enorme inversión de la Reforma Procesal se emplee para proteger a multinacionales mientras se sigue asaltando a la gente en la calle! Pues éstas tienen con que defenderse, no así la abuelita a la que un “pato malo” le roba la cartera de un puro lanzazo”.